• Noticia

    Dr. Enrique Beltran

    Dr. Enrique Beltran

    ...

    Leer más

  • Noticia

    Nota del Presidente del IMO

    Dr. Jorge F. Egozcue

    ...

    Leer más

  • Seminario

    CONFERENCIA SHERATON

    CONFERENCIA DR. ERNESTO TALVI  23 DE JULIO 2015 SHERATON

    ...

    Leer más

  • Noticia

    COMISION DIRECTIVA 2015 a 2017

    2015-2017

    ...

    Leer más

Seminarios

CONFERENCIA SHERATON

CONFERENCIA DR. ERNESTO TALVI  23 DE JULIO 2015 SHERATON

“Treinta Años de Democracia:

Reflexiones Sobre el Uruguay de Nuestro Tiempo”

 

                                                                23 de julio de 2015

  Ball Room – Sheraton Montevideo Hotel 

 

Principales conceptos de la exposición del Dr. Ernesto Talvi, Director Académico de CERES. Disertó como invitado especial en los 30 años del Instituto Manuel Oribe.



Uruguay debe estar orgulloso porque  en los últimos 30 años estuvo del lado correcto de la historia, dijo Talvi. 

Para conservar y mejorar lo hecho, habrá que defender  la democracia liberal, recomponer el tejido social, crear más y mejores empleos y recuperar la educación pública.

 El Dr. Ernesto Talvi, Director Académico de CERES, defendió con vigor la democracia liberal, porque solo para ella la discusión y el debate de ideas es la forma natural de hacer política, e indicó que lo más preocupante en los tiempos que corren es que se haya hecho habitual que personajes con perfiles autoritarios, a lo largo y ancho del planeta, alcancen el poder por vías legítimas a través de la competencia electoral, y luego que lo alcanzan lo utilicen como medio para desnaturalizar la democracia atropellando la separación de poderes y la libertad de expresión y amordazando conciencias.

 

Al disertar sobre “Treinta años de Democracia: Reflexiones sobre el Uruguay de nuestro tiempo” durante la celebración de los treinta años del Instituto Manuel Oribe, Talvi –que dirige un centro de investigación independiente de cualquier filiación política– dijo que en Uruguay nadie tiene un mandato para alterar el orden institucional que organiza la vida de nuestra sociedad y que con sus virtudes y defectos nos ha servido bien.

 

“El mandato ciudadano es para gobernar bien – dijo – no para buscar atajos constitucionales o reformas electorales para consolidar el poder”. Advirtió en ese sentido que los embates refundacionales importados de otras partes, e impropios de nuestras tradiciones democráticas, y toda agresión, por mínima que sea, a la calidad de nuestra democracia y al estado de derecho deberá ser resistida sin ambigüedad ni cálculo político alguno. Agregó que quien así actúe tendrá el apoyo de la mayor parte de los ciudadanos del país y el aliento inspirador de nuestra historia.


Treinta Años de Cambios Globales

 

Al analizar la evolución del mundo en los últimos treinta años el expositor anotó cuatro grandes revoluciones: la globalización económica que duplicó los flujos de comercio, multiplicó por seis los de inversión directa y dio surgimiento a las cadenas globales de producción; la revolución de la tecnología de la información que dio paso a una sociedad que premia como nunca antes la formación y el talento, y por lo tanto al trabajador altamente calificado; la de una mayor tolerancia hacia la diversidad que dio reconocimiento jurídico al cambio de la estructura familiar, a los derechos de la mujer, las minorías étnicas y religiosas y a la descriminalización progresiva de la posesión y el consumo para uso personal de las drogas blandas.

 

Respecto a esta última revolución, Talvi fijó una posición de principio: no es cercenando el derecho de quienes viven o piensan distinto que se defienden los valores, sino a través de la dialéctica y de la persuasión, opuestas a la imposición, opinó. En dicho sentido dijo no creer – como piensan muchos – que la tolerancia a la diversidad humana en occidente sea síntoma de decadencia moral. En realidad, dijo, resulta más bien lo contrario: es prueba evidente de la que la libertad ha echado raíces.

 

La Revolución Política

 

Talvi dijo que en la cuarta revolución, la política, el hecho medular fue la caída del muro de Berlín, y con él la del imperio soviético y su utopía colectivista. Pero destacó que a diferencia de los que algunos predecían – hegemonía de EE.UU., triunfo definitivo de la democracia liberal – el resultado fue bien distinto, porque con la emergencia de China como potencia global y las aspiraciones de Vladimir Putin de restablecer el poder de Rusia, el mundo ha regresado a la geopolítica basada en “zonas de influencia”, no apoyada en el consentimiento mutuo sino en la intimidación y la fuerza, como mostró la reciente anexión de Crimea.

 

Para el expositor la democracia liberal sigue enfrentando formidables adversarios entre otros regímenes autoritarios con capitalismo de Estado que pretenden construir un modelo paralelo. Mencionó asimismo como amenaza – muchas de ellas en el seno mismo de nuestra América Latina - la proliferación de las mafias del narcotráfico, del tráfico de armas, órganos y hasta seres humanos, que en muchos casos desafían el poder de los Estados, a las que agregó las redes globales de terrorismo. En el mundo de hoy, dijo, los enemigos de la libertad son más gelatinosos, escurridizos y se esconden en cualquier lugar del planeta, y los poderosos ejércitos de otrora se han tornado inútiles para combatirlo.

 

La Democracia no Liberal

 

Al comenzar su exposición el Dr. Talvi definió la democracia liberal como el hito más extraordinario del que la humanidad tenga noticia en el desarrollo de la organización de la vida colectiva, y dijo que en ella – tal como sostenía José Ortega y Gasset – el ejercicio del poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos, y que dicho poder no puede ser absoluto porque las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado. Para Talvi los términos democracia y liberal son inseparables.

 

La democracia liberal, continuó, no floreció tras la caída del muro de Berlín, como Francis Fukuyama predijo, y sigue siendo un régimen excepcional. Lo que ha surgido, agregó, es lo que Fareed Zakaria, en su libro “El Futuro de la Libertad”, llamó “la democracia no liberal”. Los enemigos de la libertad ya no son solo los golpistas y los revolucionarios, sino aquellos que hablan en nombre de la democracia y de la soberanía popular y que además ganan elecciones. Recordó que el ex Presidente del Gobierno Español, Felipe González, refiriéndose al caso de Venezuela, pero con aplicación también a otras tantas satrapías, dijo con la inteligencia y agudeza que lo caracteriza que Venezuela no es una dictadura sino algo peor:  una democracia traicionada.

 

Los Populismos

 

Según Talvi, las mayúsculas desigualdades de ingresos que se han generado muy especialmente en el mundo desarrollado por el ingreso de China a la economía global – con un aumento enorme de la mano de obra no calificada, productos más baratos y empresas obligadas, por razones de costos, a instalarse en el gigante asiático –  ha tenido como consecuencia, junto al revolución de la tecnología de la información que premia a la mano de obra calificada, que los salarios de la mano de obra de baja calificación se hayan mantenido sumergidos durante veinte años y ha sido un factor decisivo para explicar la crisis de representatividad y legitimidad de los partidos políticos establecidos. A partir de este escenario, explicó, las desigualdades de ingresos que se han generado son tales que muchos ciudadanos sienten que el sistema político ya no los representa y que hay una suerte de complicidad entre el poder político tradicional y el poder económico, lo que es un caldo de cultivo para las opciones anti-sistema, para populismos a izquierda y a derecha: Tea Party en EE.UU, Podemos en España, Syriza en Grecia, el Frente Nacional en Francia.

 

Cerrando el capítulo político, Talvi mencionó el fenómeno de “la rebelión de las masas”, o lo que el intelectual venezolano Moisés Naim ha denominado “El Fin del Poder”, manifestaciones multitudinarias convocadas por las redes sociales, inorgánicas y sin un liderazgo visible, y en las que los ciudadanos expresan su frustración ante la arbitrariedad del poder, los malos servicios, los bajos salarios o la corrupción. El expositor dijo que estos movimientos no constituyen una alternativa de poder, y que lo que hacen es ejercer lo que el politólogo francés Pierre de Ronsavallon llamó “la soberanía del rechazo”, una suerte de democracia directa, instantánea y desinstitucionalizada. Ejemplo de ello, dijo, son los recientes episodios que se produjeron en democracias maduras, como son las de Chile y Brasil.

 

Uruguay y sus Propios Desafíos

 

El Director Académico de CERES repasó los desafíos enfrentados por Uruguay en los últimos treinta años en el proceso de reconstrucción de su sistema político-institucional, ubicando en primer lugar la reinserción de los exguerrilleros y la búsqueda de una respuesta a la cuestión militar y las violaciones de los derechos humanos. El segundo, apuntó, fue la crisis de 2002, la peor en la historia económica del Uruguay, precipitada por un virus que nos infectó desde Argentina. Talvi remarcó que la respuesta que dio el país en el peor momento fue ejemplar, a punto tal que la salida a la crisis financiera y de deuda se pone en el mundo como ejemplo de las mejores prácticas en la materia. A diferencia de Argentina, que dijo “como no estoy en condiciones de pagar la deuda pública, no pago”, Uruguay dijo “ahora no puedo pagar pero quiero pagar, sin quitas ni cambio en las condiciones contractuales, pero sí con más tiempo”, y créanme – anotó Talvi – que ese solo gesto contribuyó enormemente a cimentar el gran prestigio del que Uruguay goza en la comunidad internacional. A su vez dijo que a su criterio, la respuesta del Frente Amplio ante la crisis– que contrastó con la posición asumida por el peronismo en la vecina orilla al dar un golpe institucional contra el presidente De la Rúa – lo legitimó definitivamente como opción de gobierno.

 

Para Talvi el tercer desafío – cuya superación permitió consolidar el sistema político-institucional - lo constituyó el advenimiento de Frente Amplio al poder después de 175 años de gobierno de los partidos tradicionales, trayendo a cuestas su bagaje de viejas creencias: la demonización de EE.UU. y el FMI, de la deuda externa, las multinacionales, la inversión extranjera, la banca privada, las grandes extensiones de tierra, la disciplina fiscal y monetaria. El disertante dijo que el manejo de los gobiernos sucesivos del Frente Amplio tuvo los énfasis propios de un gobierno de izquierda en la política tributaria, laboral y social, pero rompió con los esquemas maniqueos y mantuvo intacto el sistema económico vigente desde el restablecimiento de la democracia, renunciando a sus reivindicaciones históricas.

 

Como cuarto desafío ubicó la llegada al poder, en el segundo mandato del Frente Amplio, de quienes no mucho tiempo atrás habían intentado voltear la democracia a través de la revolución armada para instalar un régimen como el que hasta hoy gobierna en Cuba. Paradójicamente – anotó – fue el régimen democrático que en su momento quisieron destruir, el que terminó ungiendo en el gobierno a los exguerrilleros y del que se valieron para transformarse hoy en la principal fuerza política del Frente Amplio, y concluyó: no fueron entonces los guerrilleros que cambiaron al Uruguay, sino que fue el Uruguay que cambió a los exguerrilleros.

 

Treinta Años: un Balance

 

El Dr. Talvi afirmó que la confluencia de todos los acontecimientos globales y nacionales apuntados constituyó una prueba de fuego para la reconstrucción de nuestro sistema político-institucional y nuestro sistema económico, y que no era obvio ni natural que las cosas tenían que terminar como terminaron. ¿Y cómo terminaron después de estos treinta años?, se preguntó. Desde su punto de vista, dijo, con algo que debe ser cuidado con esmero como un Gran Tesoro: un sistema político institucional maduro, sólido, sano, con capacidad de decisión y que goza de la confianza ciudadana. En cuanto al sistema económico, dijo que sale muy fortalecido al haber optado todos los partidos por una economía de mercado con una fuerte impronta social, y haber descartado otras opciones como el capitalismo de estado, el populismo o el colectivismo, opciones todas ellas incompatibles con la democracia liberal.

 

Como ejemplo de realizaciones Talvi mencionó, por citar solo algunas, la reforma portuaria, la reforma del sistema de seguridad social, la universalización de la educación preescolar, la desmonopolización de la generación de energía eléctrica y el Plan Ceibal, todas transformaciones política y técnicamente complejas que cambiaron el paisaje del país. El expositor dijo que por encima de los juicios que puedan merecer dichas transformaciones, lo que quería rescatar era el hecho de que la sociedad uruguaya ha demostrado ser capaz de cambiar radicalmente en áreas críticas.

 

Estimó que cuando las cosas se miran con objetividad y suficiente perspectiva, Uruguay estuvo en términos generales del lado correcto de la historia, por lo cual cabe sentirse orgulloso. Después de treinta años y muchos cimbronazos que podrían haber hecho descarrilar al país, hemos sido capaces de vivir en democracia, en libertad y en paz, dijo, y recordó que en 2019, al final del actual período de gobierno, se batirá el récord de años consecutivos de vida democrática en nuestra historia como país independiente, habiendo sido los dos períodos más largos hasta el momento los 34 años transcurridos entre 1899 y 1933, y los 30 años transcurridos entre 1943 y 1973.

 

En lo atinente al progreso material, dijo que también fue notorio. Hizo mención – como recordatorio para los más jóvenes – que lo que caracteriza al Uruguay de la post-guerra es el estancamiento económico y la alta inflación. Entre 1985 y 2014 el ingreso por habitante se multiplicó por dos veces y media (cuando en los treinta años anteriores había aumentado apenas 10%), y se extirpó el flagelo de la inflación que destruía sin piedad los segmentos de los sectores más frágiles de la sociedad. En enero de 1991 la inflación – recordó – había llegado a un pico de 134% y en ese mismo mes se diseñó y lanzó un plan de estabilización que fue la piedra de toque para terminar definitivamente con este flagelo. Todo esto, destacó Talvi, no nació en una probeta de laboratorio, sino que fue una construcción nacional en base a un esfuerzo colectivo, realizado por tantos que todavía están entre nosotros, y por el de esos dos grandes patriotas, grandes demócratas, grandes institucionalistas, hombres de Estado y hombres de paz que ya no están entre nosotros y que es justo y necesario recordar hoy: Don Wilson Ferreira y el Gral. Líber Seregni.

 

Los Próximos Treinta Años

 

Con la mira puesta en los próximos treinta años, el Director Académico de CERES dijo que si se quiere cuidar lo adquirido – el “Gran Tesoro” de nuestro funcionamiento político-institucional – será necesario actuar de forma decidida en dos frentes. El primero resistir sin ambigüedad ni cálculo político los embates refundacionales importados de otras partes e impropios de nuestras tradiciones democráticas, y toda agresión, por mínima que sea, a la calidad de nuestra democracia y el Estado de derecho.

 

En segundo, agregó, deberá actuarse con claridad, celeridad y firmeza para recomponer el tejido social, tema medular no solo para el desarrollo económico, por una cuestión de justicia social o de la calidad de vida colectiva, sino también para la salud del sistema político-institucional. Talvi recordó que desde hace tiempo viene advirtiendo del progresivo vaciamiento de la clase media, la migración de miles de ciudadanos altamente calificados, el aumento de la exclusión social y la acentuación de la desigualdad educativa – el mejor predictor de los niveles salariales – podrían estar creando condiciones sociales para la aparición de tendencias populistas en Uruguay. Puede ser que como dicen algunos eso nunca nos vaya a pasar, concedió, pero luego agregó que el problema es que nunca se sabe cuando estas fuerzas sobrepasan esa frágil frontera que, como dijo el politólogo Francisco Panizza, “enmarca el conflicto social dentro de un juego de reglas de procedimiento democrático” o “considera que la liberalización del pueblo de la injusticia requiere de la reformulación del orden político”. Talvi dijo que esto es lo que debe quitar el sueño a todos los que adhieren a la democracia liberal, porque como dijo el historiador liberal sueco de origen chileno Mauricio Rojas “no podemos aspirar a tener democracias liberales estables sin una base social y cultural capaz de sustentarlas”.

 

Para Talvi la recomposición del tejido social empieza por generar amplias oportunidades para la creación de empleos formales y productivos, y siendo Uruguay un país pequeño, para poder multiplicarse económicamente sin cambiar ni su geografía ni su tamaño debe integrarse a las corrientes globales de producción, comercio e inversión, porque no existe ejemplo alguno en la historia de un país que haya pasado del subdesarrollo al desarrollo que no lo haya hecho sin un proceso dinámico de inserción internacional. El expositor dijo que en la materia el país está tremendamente rezagado y poco integrado al mundo, como lo atestigua el muy bajo porcentaje de nuestra producción que colocamos en el exterior, nuestra casi nula participación en las cadenas globales de producción y la baja sofisticación y diversificación de nuestro paquete exportador. Según Talvi, el MERCOSUR, nuestra puerta de entrada al mundo, se construyó con la ilusión de un regionalismo abierto, como una plataforma de lanzamiento que nos permitiera una vigorosa integración, pero por el contrario ha sido un freno. Para el expositor alejarse del MERCOSUR no es una opción viable ni realista, y por fortuna el sector privado de Brasil ha abandonado sus posturas proteccionistas de antaño y promueve ahora un proceso mucho más agresivo de inserción internacional. Uruguay – dijo – tiene que acompañar y si es posible liderar el proceso al que se asiste en Brasil y por otro lado participar activamente, siendo un animador de primer orden, en todos los foros internacionales y regionales en donde la integración se esté discutiendo al más alto nivel: en la Organización Mundial de Comercio, como observador en la Alianza del Pacífico y eventualmente en el Acuerdo Transpacífico, o como se está haciendo en el TISA.

 

La Educación


El Director Académico de CERES consideró que para la recomposición del tejido social recuperar la educación pública es el desafío más importante. Es sabido, dijo,  que para el mismo nivel de ingreso, un mayor nivel educativo se asocia a una mayor participación cívica, a mejores hábitos alimentarios, a un mayor cuidado de la salud personal, a una menor incidencia de la drogadicción, del delito y los embarazos adolescentes, en suma a valores que consideramos positivos y a todo aquello que podemos llamar propiamente ciudadanía.

 

Talvi señaló que el país ha fracasado con enorme éxito en lo que concierne a la educación y a nuestra inserción en la sociedad del conocimiento. Los años de educación formal que tiene el ciudadano promedio son 8, muy lejos de los 14 que tienen los países desarrollados; apenas un 38% de los jóvenes de entre 18 y 25 años que están entrando a la fuerza de trabajo tiene secundaria completa, y cae a 12% en los quintiles de más bajos ingresos; las pruebas internacionales estandarizadas arrojan que uno de cada dos jóvenes no reúnen las destrezas mínimas para insertarse productivamente en el mercado laboral y en la sociedad del conocimiento, y por tanto no son fácilmente empleables por la economía formal, y en los quintiles inferiores de ingresos la situación es alarmante. El expositor advirtió que cuando un joven no reúne las destrezas para tener un trabajo formal queda condenado a la dependencia del Estado – lo que crea condiciones para el clientelismo político, un corrosivo para el régimen político-institucional - ; se lo condena a la informalidad, en trabajos de muy baja productividad, peor pagos y sin cobertura social; o a elegir el delito como forma de vida, en particular las formas más lucrativas que resultan de la distribución y tráfico de drogas.

 

Al referirse al problema de la droga Talvi dijo que no deja de llamar la atención que la principal justificación de la legalización de la producción, distribución y consumo de marihuana fuera el argumento de que conseguirá disminuir la violencia asociada al narcotráfico, lo que no resiste el mínimo análisis. Apoyándose en lo afirmado por la criminóloga Vanda Felbab-Brown, de la Brookings Institution, el disertante señaló que narco-mafias hay en todo el mundo, pero la violencia asociada al narcotráfico solo ocurre allí donde el Estado no es capaz de establecer una presencia fuerte y efectiva. A su parecer, el eje del debate de la marihuana debió situarse en el lugar que le corresponde – el de las libertades individuales - , pero cualquiera sea la posición que uno adopte al respecto no puede aceptarse que en temas tan delicados como el del consumo de drogas, en los que está en juego la salud mental de los jóvenes, la legalización se engalane en una suerte de clima festivo, en lugar de venir acompañado de fuertes advertencias, tal como lo estableció la ley de legalización, de los peligros que entraña el consumo. Libertad sí, afirmó, pero con responsabilidad.

 

La Violencia

 

En la visión de Talvi Uruguay tiene hoy una sociedad más próspera, pero también más fragmentada, crispada, agresiva y violenta, porque la degradación del sistema educativo ha ido generando bolsones de exclusión social cada vez más grandes, una subcultura alejada de los valores predominantes de la sociedad y una gradual corrosión social. Hizo notar que ante el fracaso del Estado en los contextos más críticos, la sociedad civil ha tomado la posta con una energía y una vitalidad admirables, con múltiples ejemplos en distintos ámbitos, no solo en el de la educación, y que muestran que las cosas se pueden hacer distinto y mejor, lo que tiene un extraordinario valor cívico al poner de relieve lo mejor de nosotros mismos como comunidad. Sin embargo, aclaró, ese esfuerzo solo nos muestra el camino, porque en un país donde el 80% de sus niños y adolescentes se educan en la enseñanza pública, la solución debe venir por mejorar el sistema público, ya que está demostrado que ningún país del planeta que tiene una educación de alta calidad carece de un excelente sistema de educación pública.

 

Talvi insistió en que mientras el sistema público fracasa donde más se lo necesita hay experiencias impulsadas desde la sociedad civil que están generando resultados notables y que son un testimonio conmovedor del “sí se puede”. Lo increíble, dijo, es que los observamos casi deslumbrados pero estamos paralizados, y no hacemos nada al respecto, muriendo con los ojos abiertos, para luego preguntarse: ¿no tenemos nada que cambiar?, ¿ninguna premisa que revisar?, ¿ningún modelo para emular? El disertante citó como respuesta las palabras del Padre Mateo Méndez, por breve lapso director del Sistema de Rehabilitación Penal Adolescente (SIRPA) durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez, quien al referirse a otro grave problema, el de la recuperación de los adolescentes infractores en la que trabajaba desde hace años se preguntó: “¿Tenemos miedo a perder qué? ¿Lo mal que estamos haciendo las cosas?”.

 

El País de los Próximos Treinta Años

 

Al concluir su disertación Talvi dijo que el país que imaginaba para los próximos treinta años es un país con una democracia liberal vibrante; un país que sea un buen vecino de la comunidad internacional y exhiba orgulloso la rica tradición occidental de la que somos herederos; un país pequeño pero seguro de sí mismo, que pisa fuerte no por su tamaño sino por la fuerza de sus principios, sus ideales y sus convicciones; un país con una economía moderna y dinámica que mira mucho más allá de la parte visible del horizonte; un país con una red efectiva de protección social que promueve la solidaridad y las oportunidades pero no la dependencia; un país tolerante y respetuoso de la diversidad: un país más humano, más amable y más justo, y quizás también más próspero. En definitiva, añadió, un país en el que cada uno de nuestros ciudadanos, por el solo hecho de haber nacido en esta tierra, tenga asegurado el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Los uruguayos, los orientales, hemos estado a la altura de las circunstancias en los últimos treinta años, ¿por qué no habríamos de estarlo en los próximos treinta?.

 

 

 


 

Visite nuestros contenidos

Seleccione la clasificación de nuestros contenidos que le interese visualizar.